Normalmente se empieza a valorar el cambio cuando aparecen averías con frecuencia, aumenta el coste de las reparaciones, resulta difícil encontrar determinados repuestos o el equipo empieza a ofrecer un funcionamiento irregular.

También puede tener sentido sustituir una caldera antigua aunque todavía funcione si se quiere actualizar la instalación y disponer de un equipo más moderno y adaptado a las necesidades actuales de la vivienda.